lunes, 13 de junio de 2011

Desorden antes del final - Estudiantes Vs. River




Por Germán Gerbo

Ya desde un comienzo podemos ver un equipo completamente predispuesto a no jugar, a imaginar un hipotético gol sin tener en cuenta de que se requiere de una jugada previa, tan solo pudimos ver un par de intentos aislados, en todo sentido, irreales en relación al gol de Ferrari, sorpresivo tanto en esa acción como en el transcurrir del partido. Casi sin pensarlo, River subió y bajo en un santiamén, caso sin poder hacer uso de la alegría de aquella conquista del lateral millonario.
De poca interactividad colectiva, simplemente puedo destacar aspectos negativos, factores de lo que fue un mezquino empate que sigue dando a entender que somos merecedores de lo que padecemos, que esa auto flagelación es totalmente real e inesquivable, siendo utilizada por los hinchas como goce, cosa que han hecho otros equipos en este país como el conjunto de Avellaneda, a esto pregunto, ¿cuánto puede contagiar un equipo que patea escasas veces al arco?, ¿cuánto puede hacerlo si genera faltas constantemente que desembocan en centros peligrosos?, manteniéndonos a todos temblorosos en nuestras butacas, sinceramente como hincha racional que soy, no puedo comprenderlo.
Nuevamente un planteo mezquino y avaro nos condena a la miseria deportiva, plantando tres números tres en la cancha dispersos por el campo de juego, creo que no hemos aprendido nada sobre la especialización posicional en este último mundial (hecho que nos costó la eliminación del torneo), desde el pitido inicial obsequiamos una ventaja que nos condiciona a un mediocampo endeble y de paso constante, generándose así las faltas antes mencionadas.
Por otro lado el DT suele tener una catarsis en el medio del partido, sumiso en cuanto a su condición de defensivo, de estructurado, de “normal”, se da cuenta que lo que hace no es acorde a la historia de un club que se caracterizo por su poder ofensivo e involucra al desastre dos delanteros más, los cuales solo sirven para desorganizar y agrandar la brecha entre defensores y delanteros (recordemos que el ataque comienza por la defensa y viceversa), que lastima que suceda eso, y encima, el “ahogo de penas” en el banco de suplente se hace presente con unos cuantos minutos de retraso.
Lo más destacable fue la actuación de Ferrari, si, usted lo escucho, ese que tanto critico fue de lo mejorcito, imagínese el resto: Un Lamela ineficiente, no pudo consigo mismo y debió haberse ido al vestuario antes de tiempo por lo reaccionario de su carácter cuando el juego le es esquivo. Carusso totalmente desaparecido, ni pudo levantar la pelota a la hora de ejecutar a Orión y así podría seguir nombrando falencias.
Estudiantes con un equipo un tanto desordenado luego de una leve sucesión de cuerpos técnicos imprimiéndole velocidad al ataque nos complicó hasta el último minuto esforzando a Carrizo, saliendo a romper con la vorágine que es el “centro a la hoya”, apoyado por un Almeyda furioso en el derrapado del suelo, abasteciendo su juego de quites en mitad de cancha desprotegido de sus compañeros.
Un solo capitulo, uno nomás queda para definir nuestro incierto futuro, el partido de Quilmes y Olimpo nos tendrá en vilo a todos mientras nos reclutemos como cada domingo en el recinto glorioso que nos dio la identidad, uno que de un partido a otro puede terminar manchada, o haciendo una campaña de equipo de mitad de tabla clasificando a la Copa Sudamericana, simplemente me queda decir utilizando un pensamiento fervientemente pasional: “El domingo, sea como sea, a ganar por nuestra historia y respeto”

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