sábado, 18 de junio de 2011

De culpables y cómplices - River Vs. Lanús




Por Germán Gerbo

Solemos decir en este país que uno no toma precauciones sobre determinada situación hasta que esta sucede, hoy se le hizo honor a este comentario.
Se necesitaba un cambio radical en el sistema de juego para poder ganar aparentemente, tan solo importaban los tres puntos y se jugó displicentemente, no se hizo nada diferente a lo que se venía haciendo, no estuvo presente en la conciencia de los jugadores que estaban acarreando una historia que pendía de un hilo para su humillación, hoy ese hilo, se terminó por cortar.
A duras penas, enviando centros inconclusos, mostrando una falta de lateralización total del juego y con los minutos que se esfumaban, se consumó la debacle total, la distopía, inimaginable, dejo de serla para pasar a ser realidad. Lagrimas de impotencia brotaban de los ojos millonarios ante un equipo que no podía ni iba a poder, que no contagiaba, que no jugaba a nada.
Somos merecedores de estar donde estamos, derrochamos una cantidad inimaginable de puntos a favor para salir de la zona promocional con empates mediocres y hoy no solo que tendremos que definir nuestra situación para la próxima temporada en dos partidos, sino que luego de la seguidilla de empates caemos derrotados y sin poder volver a un torneo continental. Como las personas físicas y jurídicas tienen derecho a la identidad, en este caso, la de mi glorioso River la han manchado, la han adulterado, lastimosamente, la han robado.
Vemos fuera del campo de juego y dentro del ámbito institucional nos encontramos la peor de las mafias, un gordito malverso cuanto fondo pudo, hizo las mejores jugarretas para su bolsillo y al irse dejo un club en manos de un cómplice, de un jugador de fútbol que le explotó una bomba de tiempo en las manos y no supo que hacer con ella, que desembocó en los jugadores y cuerpo técnico ¡Cómplices!, y estoy siendo piadoso, porque son merecedores de todos los insultos de la cancha, no así de nuestras lagrimas, no hay que darles el lujo de llorar por estos incompetentes.
Con una sumatoria de malas campañas a causa de técnicos de medio pelo, erogaciones sospechosas y aparición de jugadores, refuerzos e ídolos “falopa” nos encontramos al borde del abismo donde ya divisamos la firma de un hipotético empate en el partido de ida. Ya no cuentan las buenas jugadas ahora, solamente a fuerza de sangre, garra y entrega (que triste mencionar estas características) tenemos que lograr la permanencia, como sea para que en la próxima temporada realmente ponernos los pantalones largos y decir “no viejo, con River no se juega”, y de esta manera reconstruir nuestra identidad, la que hoy encontramos tan dañada.
Y que decir del hincha, el ingenuo hincha, pobre de él, insultándose platea con popular están más pendientes de las bromas de un tercero hacia su persona que estrictamente del presente. Estamos desvirtuados, como he escuchado decir una tarde negra hace un par de partido: “cuando la San Martín puteaba, éramos campeones de todo, ahora que aplaudimos, parecemos Racing”. Así se define nuestra situación sentimental con los colores del siglo.
¿Nos jugará en contra la inexperiencia en este tipo de instancias para el miércoles? ¿Será letal la confluencia de presión de no descender con ganas de quedar en los libros de historia? ¿Veremos un hito para el fútbol argentino?, Estos interrogantes se hacen escuchar en boca de los amantes de este deporte, será cuestión de esperar y que sea lo que la pelota demande…

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