martes, 10 de mayo de 2011

Para el olvido - River Vs. All Boys



Por Germán Gerbo

Hubo una época en la que se estuvo dieciocho años sin salir campeón, sin embargo la impronta millonaria se daba a relucir. Hoy en día, viviendo en una sociedad en si exitista, donde se observan contantemente contrastes entre vencedores y vencidos, desde este espacio quisiera darle un respiro a esta perspectiva de la vida y reconocer el empeño y la entrega a pesar de que a la hora del desenlace, el resultado no sea lisonjero para nuestra nómina.
Un partido atípico dentro de la rutina millonaria debido a que no se vio una defensa protagonista de los hechos y bastante endeble, devaluada en su juego por la ausencia de Juan Manuel Díaz, fue un primer tiempo de ida y vuelta favorable a River, creando llegadas casi constantemente con un lírico referente ofensivo llamado Erik Lamela, de gran primer tiempo tuvo que inventar hasta la más achaparrada gatera para poder escabullirse en una defensa correcta, pero sin tener la compañía de dos delanteros de los cuales uno cual guerrillero hizo de la lucha su vocación y otro que… díganme ¿realmente jugó ese otro o simplemente se decidió a perder toda pelota habida y por haber?.
Por otro lado la cantidad de chances desperdiciadas fue un factor determinante que se concreto con un viejo dicho: “los goles que no haces en un arco, te los hacen en el otro”.
Bastó con un Gigliotti inspirado y mesianico, un Cambiasso imbatible y cierta perspicacia para la contra para aumentar el marcador en un tanto, el cual fue letal para el equipo de la Banda ya que no pudo con su humanidad y embistió con una serie de ataques a lo largo del match que no dieron frutos, ya sin la vertiginosidad y precisión de los minutos anteriores.
A mi parecer hubo tres puntos débiles a resaltar que pusieron en riesgo el partido y terminaron por ceder en forcejeo poco esperanzador que se desvaneció con el último gol: Roberto Pereyra de floja actuación, comprometiéndolo en una tarea (la marca en defensa) que no es de sus cualidades en el campo, cuestión lógica debido a la falta del uruguayo Juan Manuel Díaz. En el centro de la cancha apareció en estos dos últimos encuentros un individuo un tanto marginado y justificó su condición, realmente poco idóneo en esta materia mostro gravísimas falencias de todo tipo, sin duda de lo peor del partido. Y por último un abonado a la casa, hace tiempo que no viene siendo lo que merece el club y hoy demostró porque, ¡no hiciste una muerto!, fuiste el desastre del partido, erraste goles hechos, no metiste el cuerpo, no revotaste, no encaraste, perdiste en todos los sentidos, no tenés cura Funes Mori, no tenés cura…
Haciendo hincapié en la ausencia de Acevedo que derivó en la falta de juego en mitad de cancha, sale a relucir lo corto que es nuestro plantel, si bien hasta hace unas fechas se oía por medio de los altoparlantes del Antonia Vespucio Liberti un repetitivo y encantador desfilar de nombre casi de memoria, cuando una de estas piezas es quitada, sucede como en el popular juego de mesa “yenga”, la estructura comienza a tambalearse y los cimientos de la torre de madera penden de un hilo. En esta situación Almeyda fue el sobrecargado, tuvo que hacer grandes esfuerzos para frenar las contras y al mismo tiempo suplir esa ausencia que ya hace rato le venía dando otra perspectiva al juego millonario.
Para ir finalizando este relato, y en vísperas de un nuevo capítulo del evento que conmociona diferentes intereses mundialmente hablando, que pasa de una cuestión estrictamente futbolística a una más que nada folklórica, el superclásico señoras y señores desplega todo su esplendor el próximo domingo, por lo tanto olvidando ya este partido pero resaltando los error: “que el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”

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